domingo, agosto 09, 2009

Ramón Gómez de la Serna y Salvador Bartolozzi (5)


El RUSO
En marzo de 1913 Ramón publica en la colección El Libro Popular su primera novela, El ruso, con cubierta e ilustraciones de Bartolozzi. La crítica ha señalado la proximidad de este relato a las convenciones de la novela clásica y realista, y su disparidad respecto a las peculiaridades de la posterior narrativa de Gómez de la Serna. Sin embargo, situando El Ruso en el contexto de su escritura, parece responder a idéntica necesidad expresión de su individualidad y de las obsesiones a las que antes había dado cauce a través de sus ensayos teatrales y que ahora traduce en un género nuevo para él, asimilando las formas narrativas características del momento.41

Ramón proyecta su obsesión erótica, reflejando a través de la narración en primera persona el proceso psicológico del protagonista, un diletante buscador de aventuras amorosas que choca con la imposibilidad cuando de veras se enamora de la mujer de un prisionero político ruso.

Reaparece una de las claves antes aludidas a propósito de su teatro: la transfiguración ideal de lo femenino en un ambiente sórdido; en este caso, la figura de Paulowa en el restaurante "El Ruso", centro de los exilados rusos en París. Ambiente que Ramón conoció, guiado en su aventura parisina por su tío Corpus Barga.42

Bartolozzi subraya en su portada e ilustraciones el contraste entre la deslumbradora presencia femenina y el ambiente miserable y pesaroso de los comensales del "restaurant de pobres"; la antítesis entre aquel París símbolo de la nueva mujer y la Rusia zarista asociada a la idea de dolor y aniquilación. Como en las portadas precedentes, recurre otra vez a la figura femenina, que corresponde aquí a la protagonista, Paulowa. Con una concepción sobria y elegante, integra imagen y tipografía -el título y la firma de Ramón- dibujando en un solo trazo el rostro de la mujer, de una belleza serena y melancólica, y situando bajo la firma tres corazones.

Por su parte, las trece ilustraciones interiores están concebidas como apuntes rápidos que salpican el relato. El dibujante adopta la perspectiva del narrador, observador solitario de todas las mujeres del restaurante, y se detiene con él en dos figuras objeto de potencial seducción: retrata, con el rostro marcado por las sombras y la mirada visceral e hipnótica, a la joven de "pelo castaño y una carucha alargada, simplona pero bella y sensual" que adquiere con el luto un aire de atractiva humillación y ternura extraña; en un pequeño apunte caricaturesco capta el gesto característico de la segunda, más sensual "mejilluda y carnosa", que "alargaba la cabeza hacia adelante como una pava al tragarse una nuez".

Refleja el "ambiente espeso, hondo y restaurador" de El Ruso en un atractivo dibujo a base de expresivas manchas y sombreados; capta con precisión la atmósfera del local y la diversa actitud de los comensales, entre la avidez del hambriento y el gesto amargo pero digno de las damas, por medio de una hábil composición que conduce la mirada del lector a la imagen del camarero que avanza entre las mesas con una humeante bandeja.


Otros cinco dibujos de menor tamaño, a modo de rápidos apuntes, completan el efecto de ambientación del restaurante, traduciendo la acumulación anecdótica característica de la escritura de Ramón y, en algunos casos, las transposiciones artísticas con las que retrata a los personajes.

Así aparece el comensal famélico "al que un mechón rebelde parecía ayudarle a comer, como una caña ayuda a pescar"; el digno mendigar del "hombre espigado con la cabeza en un cuello fino, conmovedor como el pescador pobre de Pouvis de Cahvannes, caballeroso como un hidalgo del Entierro del conde Orgaz"; el violinista ciego que escaleras como un pobre de pedir limosna, con la cara cubierta por el pelo, con la atosigación de Cristo de Velázquez, un poco parecido a Nietzsche en lo lamentable del bigote y en la fiereza de sus ojos"; o la viejecita "de palacio y carroza, distinguida y repujada como la anciana reina de Rumanía".

Un tercer grupo de ilustraciones evocan la pesarosa sombra de Rusia sobre los personajes. La sugiere primero en un magnífico dibujo, resuelto a base de manchurrones y rápidos rayados, que escenifica el mitin al que asiste el protagonista en su búsqueda amorosa; un retrato expresionista de los exiliados rusos, que transmite la sombría determinación en las facciones de los hombres "sentenciados a muerte, de cabezas conmovedoras por esa posibilidad, que las agravaba, de poder ser cortadas" y la variada mezcla de expectación, dolor, y rabia contenida en los rostros femeninos "mujeres ocultas por su sombrero del que por la escasez de luz caía un velo de malla muy cerrada con lunares espesos. Su plástica era túrgida y cuadrada".


En otros dos apuntes menores Bartolozzi alude al personaje que desarmará las pretensiones del protagonista: retrata el "aire noble y único" del marido de Paulowa y recuerda su situación, mostrando su rostro tras las rejas de la prisión.


Finalmente, dos pequeños dibujos subrayan la conclusión del relato. Una mano quemada y humeante simboliza el deseo imposible, según la sugerencia del texto en la escena del postrer y vano intento de conquista de la mujer: "Volví a apretar su mano con fuerza, queriendo que declarase como en un tormento de la inquisición". Una pequeña viñeta, incluida en la última página, representa el paisaje lejano entrevisto desde la ventanilla del tren que lleva de regreso a España al protagonista.

Siendo este el primer texto de Ramón que Bartolozzi ilustra con cierta profusión, es significativo el criterio -no muy habitual en sus ilustraciones de otros números de El Libro Popular y de colecciones análogas- de acumular pequeños dibujos concebidos como leves subrayados. Responde tal vez intuitivamente al carácter de la prosa de Gómez de la Serna, su tendencia al fragmentarismo y a la acumulación anecdótica que había de extremar en narraciones futuras.

Calle de París en un dibujo de Bartolozzi publicado en 1913 para "Tres líneas del Matin", El Libro Popular

Fuente Boletín Ramón

Notas
41 El Ruso, El Libro Popular, núm 10 (11-III-1913). Es, a juicio de Eugenio de Nora, "obra en apariencia sencilla, sin pretensiones, pero con una fuerza cordial y de captación ciertamente infrecuentes en Gómez de la Serna [...] más que en sí misma, esta novelita interesa por mostrar en su germen un Ramón que no llega a florecer: el novelista"clásico" con ambientación, arranque, conflicto y desenlace, con hechos coherentemente escalonados y conducidos en una acción lineal y sucesiva" (La novela española contemporánea, T. II, pp. 106-107); por su parte, Antonio del Rey Briones señala: "La factura de la obra se orienta en una dirección clásica y la fábula participa en cierto modo de las convenciones realistas, lejos todavía de las líneas más personales que configurarán su modo de novelar. No obstante, la ruptura con su obra posterior no es tan tajante como podría pensarse a simple vista, pues no hay que olvidar que una buena parte de su obra narrativa [...] apunta en esta dirección" (op. cit., pp. 110-111).

42 Ramírez Ángel, en su novela corta publicada poco después, Cambio de conversación (El Libro Popular, núm. 40 (7-X-1913) —dedicada precisamente a Ramón y a los hermanos Bartolozzi— aborda un tema paralelo, aunque proyectando desde una perspectiva mucho más festiva su experiencia parisina. También Ramón refleja en su novela su vida cotidiana en París, donde acudía regularmente con su tío Corpus Barga a un figón frecuentado por revolucionarios rusos; síntoma indicativo para Ignacio Soldevila-Durante de una etapa de activismo político. No obstante, al menos en El ruso las referencias políticas parecen un simple telón de fondo para la intriga amorosa. Véase: Ignacio Soldevila-Durante, "Para la recuperación de una prehistoria embarazosa (Una etapa marxista de Gómez de la Serna)", en Studies on Ramón Gómez de la Serna, ed. Nigel Dennis, Ottawa Hispanic Studies 2, Dovehouse Editions Canada, 1988, pp. 23-43. Citado en "Introducción" a Teatro Muerto, p. 81.

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